Se estrena El baño del Papa

24.07.2007 | 17.50

"Me gusta hacer películas que muestren un momento del alma"

13.08.2007 | 15.02

“Si alguien no se emociona con esta película tiene que ir al médico a hacerse ver el corazón”. El distribuidor alemán hablaba de El baño del Papa y quien lo escuchaba era su director Enrique Fernández. A una semana del estreno y con una taquilla que ya supera los 11.000 espectadores, el cineasta explicó que la frustración o bajón que algunos ven en la película “surge de la realidad, no del cine”.

EMILIANO COTELO:
Drama y humor. Ficción y realidad. Una visita que hizo soñar con una revolución y terminó en frustración...
Esos son algunos ingredientes de una nueva película uruguaya que ya es un éxito.
El baño del Papa, dirigida por Enrique Fernández y César Charlone, se estrenó el viernes pasado y desde entonces fue vista por más de 11.000 personas.
¿Otros ingredientes de esta obra?
El retrato de los bicicleteros que contrabandean por las Sierras de Aceguá. La calidad de las actuaciones, al punto que a un espectador común le resulta difícil distinguir entre los actores profesionales y los amateurs. Y una banda sonora exquisita, a cargo de Luciano Supervielle y Gabriel Casacuberta.
Hoy les proponemos conocer un poco más sobre esta película, averiguar cómo la historia real de la visita de Juan Pablo II a Melo en 1988 se transformó en esta obra de 100 minutos, tan entretenida como conmovedora.
Y para eso vamos a conversar con Enrique Fernández, guionista y codirector, a quien esta mañana hemos encontrado en Lima, Perú.
*
Aunque su nombre puede sonar desconocido para muchos, Enrique Fernández es un profesional muy vinculado al cine de las últimas dos décadas en nuestro país. Por ejemplo, se ha desempeñado como guionista, asistente de dirección y camarógrafo en algunos cortos de ficción y documentales, tanto en Uruguay como en Alemania, donde trabajó cerca de cinco años.
En 1997 fue guionista de Otario, un largometraje de ficción dirigido por Diego Arsuaga, que estuvo seleccionado en el Festival de San Sebastián; es profesor de guión cinematográfico en la Escuela de Cine del Uruguay; y desde 2002 estuvo trabajando en este proyecto, El baño del Papa, un guión que escribió hace ya casi 10 años.
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Enrique, ¿esta es la primera película “tuya”, podría decirse?
ENRIQUE FERNÁNDEZ:
Sí, es la primera película que dirijo y de la cual me hago responsable desde el guión.
EC - ¿Cómo nació la idea de filmar una película a partir de la visita que en 1988 hizo el papa Juan Pablo a Melo?
EF - No estaba en Uruguay en el 88, y me enteré de lo que había sido la visita del papa en el 89. En un viaje que hice a Melo, cenando en una parrillada escuché una anécdota que se estaba contando, que me pareció desopilante. Entonces me acerqué a la dueña de la parrillada y le pregunté si lo que escuchado era medianamente cierto, y me dijo: “¿Cómo?, ¿usted no se enteró?”. Me fui al otro día al barrio donde está la Explanada de la Concordia, que fue el lugar donde el papa dio el discurso, conversé con algunas de las personas que habían estado involucradas en la venta y ahí empezó a surgir una cantidad de anécdotas, algunas de las cuales fueron a parar a la película.
EC - ¿Qué anécdotas, qué historias? ¿Qué valor tenía aquello que había ocurrido con la sociedad melense a raíz de las expectativas que generó la visita del papa?
EF - Lo primero que me llamó la atención fueron las cifras que me dijeron, que alguien vino y compró en la chacinería de Lito Gómez 9.000 rodajas de mortadela, una persona sola. Y otra persona había intentado vender 2.500 hamburguesas, y otra 5.000 panchos. Eso para quienes hemos vivido en Melo eran cifras que no cuadraban con la ciudad, con la cantidad de gente, ni con nada.
EC - Esa gente invirtió en chorizos, fiambres, distintos insumos para producir alimentos porque se había generado entre ellos una manija colectiva a propósito de cuántos brasileños iban a venir a presenciar ese acto, esa alocución que el papa iba a protagonizar en Melo. A partir de informes de la televisión se llegó a pensar en 50.000 visitantes.
EF - Hay gente que hasta el día de hoy dice que hubo más.
EC - ¿Cómo que dice que hubo más?
EF - Esa cifra que aparece en la película, de 8.000 personas, la saqué porque tengo un amigo allí que relata fútbol y tiene el ojo muy acostumbrado a mirar y calcular. Él estuvo vendiendo banderitas esa mañana allí y me pasó esa cifra. Pero conversando con la gente en Melo mientras escribía el guión (por eso pienso que todavía lo creen) me dijeron que todo el negocio había sido al final un gran descalabro porque en vez de venir las 70.000 personas que se pensaba habían venido 55.000.
EC - Mayor confusión aún.
EF - Claro, hay todavía opiniones muy encontradas en cuanto a la cantidad de gente que estuvo allí en Melo. Pero si uno ve el lugar, esa cantidad de gente no cabe.
EC - ¿Qué valor tenía para ti aquella experiencia, aquella aventura en la que se involucró tanta gente en Melo pensando que podía hacer un negocio, que podía hacer un poco de dinero con la venida del papa?
EF - Me conmovió mucho de estas anécdotas que escuché el hecho de que gente tan humilde, gente tan pobre, hubiera vendido lo poco que tenía. Gente que vendió las herramientas, gente que vendió la vaca que tenía (hubo gente que incluso vendió la casa), para transformar todo es en comida. Eso fue lo que en principio me sacudió bastante de las anécdotas que escuché, y empezó a darme una idea clara y colectiva de la ingenuidad a la que puede llegar un grupo de gente cuando tiene la ilusión de cambiar su forma de vida de una semana para la otra. Me pareció muy fuerte.
EC - Además de contar aquella historia, ¿también te propusiste un retrato social? ¿Te interesaba reconstruir y mostrar cómo vive un sector de la población uruguaya, los más humildes de Melo? ¿Te interesaba retratar el fenómeno de esos kileros, contrabandistas en bicicleta por las sierras de Aregua?
EF - Sin duda, el fenómeno de los contrabandistas en bicicleta es un fenómeno que existe solo entre Melo y Aceguá, en ninguna otra parte de Uruguay existe. Yo había estado muchos años antes con una cámara súper 8 filmando alguna cosa en la carretera y en Aceguá, cuando estaba en pleno auge, cuando la diferencia de cambio era enorme y el contrabando en bicicleta estaba en pleno auge. Siempre me interesó mucho porque conversando con gente que fabrica ladrillos en la zona me explicaban que ellos conocen solo una tarea más dura que hacer ladrillos, que es muy dura, y era la de bicicletero.
Otro ingrediente que seguramente interviene en la película es que en mi casa cuando yo era niño el excusado adonde tenía que ir era muy similar al que aparece en la película, estaba como a 15 metros de la casa. Recuerdo que me moría de vergüenza de salir por la puerta del fondo de mi casa y caminar con un pedazo de papel en la mano hasta el excusado. Obviamente la gente que pasaba por la calle me veía ir y venir. Hay allí cosas que están muy grabadas en mí, que pertenecen a mi infancia en Melo.
EC - ¿Por qué la apuesta en esta película a combinar actores profesionales con actores amateurs? ¿Fue una elección, fue algo deliberado, o fue una obligación para bajar costos?

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Mezcla de profesionales y amateurs. César Troncoso, Virginia Méndez, Virginia Ruiz, Mario Silva y Nelson Lence, algunas de las caras de la "esperanza" que refleja El baño del Papa.
EF - No, estaba previsto que hubiera una textura muy visible, a la vez que hay otras como es el paisaje y como son los objetos materiales, hay una textura que estaba contemplada desde el principio, lo conversamos mucho con César Charlone y eran las caras, el fondo de caras sobre el cual iba a transcurrir la historia humana de la película. Ese paisaje no se puede lograr con actores profesionales de Montevideo, había que recurrir sí o sí a gente del lugar.
EC - Lograron un desempeño muy parejo del elenco, integrado por muy pocos actores profesionales y muchos uruguayos comunes y corrientes, varios de ellos de la propia Melo. ¿Cómo lograron esa uniformización?
EF - Tuvimos la fortuna de poder hacer un casting entre mucha gente, yo fui dos o tres meses antes, o tal vez más, hice un casting muy abierto, al que vino mucha gente, que empezó a venir con sus bicicletas, las bicicletas que habían usado para hacer contrabando por la frontera. Empezaron a venir más anécdotas, y de ahí salieron Tica y Nacente, que son Henry de León y José Arce, y salió Teresa, que es Rosario dos Santos, y después, por supuesto, hay un enorme valor en el trabajo que hizo Christian Duurvoort, que es el preparador de actores que César Charlone propuso traer de Brasil, que había trabajado con él y Meirelles en Ciudad de Dios.
EC - Ciudad de Dios es una película filmada en una favela de Río de Janeiro, con un elenco 100% de actores no profesionales, jóvenes del propio barrio, de la propia favela.
EF - Es así. En el caso de Ciudad de Dios Christian no había estado a cargo de la preparación, pero había sido el segundo y había aprendido muchísimo las técnicas que se utilizan para hacer que una persona pueda aparecer frente a cámaras con la soltura que se necesita, y trabajó como un mes y medio en Melo con los actores profesionales que fueron de Montevideo y la gente de Melo.
Pero era más complicado, porque si uno tiene solo gente de la calle actuando, ya son homogéneos de pique, acá existía además el desafío de hacer que Virginia Méndez, César Troncoso y Nelson Lence se equipararan en el naturalismo con lo que iba a ser la gente que habíamos elegido en la calle. Era un doble desafío.
EC - Y con respecto a la respuesta de la gente de la propia Melo, de quienes terminaron actuando en la película y son habitantes de Melo, quizás alguno de ellos incluso protagonistas de la situación real, ¿tuviste una respuesta positiva fácil, rápida? ¿No hubo en alguna de esa gente rechazo a la idea de la película, temor a que lo que ellos vivieron, sintieron, intentaron quedara ridiculizado?
EF - Entre la gente del primer círculo concéntrico que se fue formando alrededor del trabajo que estábamos haciendo no, porque esa gente se arrimó sobre la base de la confianza que tenía en que lo que nosotros estábamos haciendo iba a ser lo que finalmente se ve ahora en pantalla.
EC - El hecho de que tú fueras alguien de Melo, ¿ayudó?
EF - Sin duda. Tenía mis temores, por supuesto, porque está ese síndrome del que se fue: “qué se cree”, “qué va a venir a decir ahora”... Pero eso no ocurrió, por suerte. Sí tuvimos algunas opiniones más o menos en contra de lo que estábamos haciendo en un círculo mucho más lejano, pero el núcleo duro con el cual estábamos trabajando confió plenamente en que estábamos retratando dignamente a la población de Melo.
*
EC - Enrique Fernández ya fue entrevistado en la Segunda Mañana de En Perspectiva el mes pasado, cuando se estaba preparando el estreno de El baño del Papa. Lo estamos convocando ahora nosotros porque la película ya lleva una semana en cartelera y además le ha ido muy bien, la vieron por lo menos 11.000 espectadores.
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EC - ¿Has tenido repercusiones, comentarios después del estreno? ¿Cómo te ha ido con el eco en el público?
EF - Sí, esa ha sido la gran satisfacción de la película después del estreno. En los cinco preestrenos que tuvo en Montevideo y en Melo, e incluso en la muestra que hicimos en Lima, la respuesta de la gente ha sido notablemente homogénea, se ha sentido conmovida y ha disfrutado mucho el humor de la película.
EC - Tengo algunos mensajes que han llegado de los oyentes de En Perspectiva, partir de la consulta que les hicimos más temprano.
Cristi: “Me alegra profundamente que estén haciendo cosas de excelencia. Adelante y éxito en las recaudaciones. Se lo merecen”.
Felipe: “Vi El baño del Papa: excelente fotografía, guión interesante, buen ritmo y esa cuota de humor exacta en medio del drama que sin duda relata”.
Marta, de La Blanqueada: “Es excelente y entretenida, y por momentos cómica, a pesar de que cuenta una realidad triste”.
Carmen, de Malvín: “Me gustó mucho, me acercó a una realidad de la frontera que desconozco. La actuación y la fotografía me parecieron muy buenas”.
Elena: “La vi, me gustó mucho, pero que nadie vaya pensando en que se va a morir de risa, apenas una sonrisa. Es un drama, a mí me hizo doler el alma”.
¿Qué comentas a partir de estas reacciones?
EF - Desde que empezamos a mostrar la película, incluso antes de tenerla totalmente editada, se ha dado una separación clarísima entre cómo le llega la película al público femenino y al masculino.
EC - ¿Cómo es eso?

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El eje de la anécdota de El baño del Papa.
EF - El público masculino se identifica mucho con Beto y disfruta mucho las situaciones de comedia. El público femenino tiene una opinión mucho más dramática, creo que porque sigue mucho más de cerca la mirada de Carmen y de Silvia en toda la historia, y en general termina mucho más tocado, más dolido por los aspectos dramáticos de la película. Acá se dio igual.
EC - Contanos cómo reacciona el público extranjero. Ya has tenido más de una oportunidad, porque se dio primero en mayo la exhibición de la película en el Festival de Cannes. ¿Es accesible esta historia para quien la mira desde fuera? El caso, ¿no es demasiado local, demasiado típico de una parte de nuestro país, del interior profundo de nuestro país, además?
EF - Palabras más, palabras menos lo que tú acabás de decir, le hice esa pregunta al vendedor internacional, uno de los dueños de Bavaria Film, porque estaba muy preocupado por cuál podía ser el resultado de la película fuera de Uruguay. Y él me dijo, palabras más, palabras menos: “Si alguien no se emociona con esta película tiene que ir al médico a hacerse ver el corazón”. Esa ha sido la respuesta.
En la versión subtitulada se pierde mucho de los gags normales que la película tiene, que funcionan mucho en los países de habla hispana y mucho más en Uruguay, pero el resto, la peripecia de la familia y los momentos donde se supone que la gente debe emocionarse, funciona con todos los públicos.
EC - Rosario, tú que estás con la pantalla, viendo los mensajes que llegan de la audiencia, ¿tienes otras reacciones, otros comentarios que valga la pena pasarle a Enrique?
ROSARIO CASTELLANOS:
Por ejemplo: “Vi El baño del Papa; reí y lloré como hacía mucho tiempo no lo hacía”; “excelente producto, felicitaciones a todos los que en ella participaron”; “película muy bien hecha”; “excelentes actuaciones, incluso las de los amateurs”; “fotografía oscura, como la realidad que refleja; el saldo es un bajón, falta la esperanza”.
EC - Sobre esto último, ¿cuál es tu respuesta, Enrique?
EF - Yo no lo veo así, no lo vi así cuando lo escribí, no veo que el público salga de la sala con esa impresión.
EC - Te lo comento porque no solamente desde la audiencia o desde el público común y corriente puede llegar ese tipo de evaluaciones. También en algunas críticas que se han publicado aparecieron cuestionamientos a esa tendencia general del cine uruguayo a mostrar la pobreza, a concentrarse en la pobreza de nuestro país, la pobreza material y la pobreza de horizontes. ¿Cuál es tu respuesta?
EF - Hay una cosa que surge de la realidad y no del cine, yo estuve allí contando una historia que ocurrió de determinada manera y no era mi intención modificar eso para nada. Incluso creo que lo que la realidad pautó era mucho más serio y más dramático de lo que la película refleja.
El hecho de que yo haya elegido ese tema, como dije antes, tiene que ver con algunas cosas personales de mi infancia, pero también me gusta hacer películas sobre hechos reales que dejan al descubierto un momento o una situación del alma o del pensamiento de un grupo de gente que me parece interesante retratar.
external image el-bano-del-papa3.jpgA eso le agregué la cuota de humor que creo que la realidad también tiene y que la película necesitaba para poder contar una historia que, si no, sería durísima. Acá en Lima el miércoles cuando salió la gente de la sala (que estaba repleta) yo le miraba la cara y tenía una sonrisa que para mí es el saldo final. La película al final mismo no tiene nada cómico (salvo la frase de Beto), el último tercio es la parte más dura, más angustiante para el personaje y para el espectador.
EC - ¿Y por qué la gente sale con una sonrisa?
EF - La frase más satisfactoria, la frase que me ha gustado más como comentario general de la película me la dijo un director en Brasil; dijo: “Me hizo bien ver la película”.
No he tenido el dato de la realidad de que la película sea un bajón, es una película con una historia muy dura, eso sí. Tal vez la gente salga preguntándose qué pasa con la vida de esa gente, qué puede haber pasado con la vida de los personajes una vez que la película termina, y llegue a la conclusión de que la vida de esa gente probablemente siga igual y que para algunas de esas personas que intervinieron en ese evento quizás haya seguido peor que antes. Pero eso es un dato de la realidad, no es un asunto del cine, es un asunto de lo que el evento causó.
EC - ¿Después de Perú para dónde vas?
EF - Vuelvo a Uruguay.

Entrevista con César Charlone

Sitio de la distribuidora Enec
Sitio de Laroux cine
El viernes 3 de agosto se estrena El baño del Papa. Un proyecto que comenzó en el papel en 1999 y ahora cumple su ciclo y llega a la cartelera montevideana. Uno de sus directores, Enrique Fernández, y su protagonista, César Troncoso, estuvieron en la Segunda Mañana de En Perspectiva y hablaron de estos ocho años, del rodaje y de lo que esperan que pase con la película.
GONZALO SOBRAL:
El viernes 3 de agosto se estrena en Montevideo El baño del Papa, una película de Enrique Fernández y César Charlone, basada en la visita de Juan Pablo II a la ciudad de Melo, departamento de Cerro Largo, en el año 1988. Allí una serie de pobladores locales esperan con ansias la visita de un público que se decía superaría las 50.000 personas, llegadas de todos lados, con la esperanza de hacerse ricas vendiéndoles comida, bebida, o en el caso de “Beto”, un contrabandista en bicicleta, alquilándoles el servicio de un excusado que construyó allí, al lado de su casa.
La de “Beto” es apenas una de las tantas historias que componen esta película que ya fue presentada mundialmente en el mes de mayo, en la edición 60 del Festival de Cannes.
Para hablar de esta película nos acompañan en esta mañana de En Perspectiva Enrique Fernández, director de la película, y César Troncoso, quien interpreta a “Beto”.
***
Enrique, decíamos recién, antes de salir al aire, que ya a esta altura no queda mucho por hacer, que no sea recorrer los medios de comunicación dando entrevistas.
(Risas)
ENRIQUE FERNÁNDEZ:
No, llegamos felizmente a la etapa a la cual la película debe marchar y abrirse el camino que tenga que abrirse, y los que estuvimos trabajando cinco años en ella, mirar a ver con qué fortuna recorre ese camino.
GS - ¿Cinco años para hacer una película? Es como un tiempo largo, ¿no?
EF – Sí. Yo escribí el guión por primera vez en 1999, lo presenté al FONA en 2000, después lo presenté de nuevo en 2002, que fue cuando ganamos el primer fondo, y de allá hasta acá, hasta hace un mes y medio, estuvimos trabajando en la película. Es el tiempo que lleva hacer una película en Uruguay.
GS – Y trabajando en ella de hecho.
ALEJANDRA BORQUES:
Hay una historia que en algo contaba Gonzalo y que tiene que ver con aquella anunciada visita de Juan Pablo II a Melo. Allí gira parte de la historia o es el motivo de la historia. Enrique, mucha gente me preguntaba el otro día después del pre-estreno en el Cine Plaza: “¿es verdad, el papa estuvo allí?” Dudaban si aquello era verdad o era la ficción de la película. Es la historia sobre la cual basaste este guión.
EF – Sí, el papa estuvo. En 1987 había estado en Montevideo, que fue esa misa que dio en Bulevar Artigas, y en 1988, para sorpresa de todo el mundo, volvió a visitar las tres diócesis más antiguas del Uruguay, según el informe oficial. Melo, Florida y Salto. Pero bajó en Carrasco y se subió al avión de la Fuerza Aérea, allá se fue a Melo, no pasó por Montevideo, y mucha gente no se enteró. Pero los melenses sí se enteraron.
GS - ¿Y cómo fue arrimarse a esa historia, comenzar a rascarla de a poco?
EF – Yo no estaba en Uruguay cuando el papa estuvo en Melo y me enteré en el 99 de la visita, casualmente en una parrillada de Melo que yo frecuentaba. Una noche escuché como una anécdota perdida por el costado. Me levanté, fui hasta el mostrador y pregunté: ¿eso que acaban de decir es realmente así? Y me dijeron: ¿Pero cómo? ¿Usted no sabe? Entonces me explicaron y al otro día me fui a la zona de la Explanada de la Concordia y visité a varias de las personas que habían estado en el asunto, y eran desopilante las cosas que te contaban. Las cifras que empezaron a relatar: “2.500 hamburguesas”, “5.000 panchos”, “pusimos unos tablones allá después que terminó todo y llamamos a las escuelas a que vinieran a buscar la comida porque había que tirarla”. Bolas de masa de tortas fritas que quedaron entre los pastos, y los perros comiéndoselas. Todo era muy particular, una situación que yo nunca había visto mientras había vivido allá.
AB – Y ahí aparece la historia de Beto y está César acá sentado. Tenés el mismo look de Beto, sólo los lentes, la barba, el pelo...
CÉSAR TRONCOSO:
Sí, un poco más de barba, los lentes y después soy Beto sí.
AB - Esa historia de Beto es fundamental para poder entender lo que sintió aquel pueblo que esperaba la llegada del papa, pero la construcción de ese personaje, esa vida familiar, yo no sé si es difícil, los “kileros”. Yo creo que el que sabe lo que es vivir en la frontera, o alguna vez pasó por ahí, tiene una idea de lo que es vivir esa vida.
CT – Sí, es dura.
AB – Cuando leíste la historia de Beto, ¿qué sentiste?
CT – Pánico. Sentí el nervio de que me ofrezcan un protagónico en una película uruguaya, que ya de pique me carga para lo que sea. Pero después lo que hubo fue un muy buen mecanismo de aproximación al personaje y a la historia de los kileros. Lo primero que yo tuve fue una entrevista con Enrique, que me pasó material, él ya había hecho un relevamiento de los kileros. Había juntado a tres o cuatro kileros en un boliche y les había pedido que contaran historias de la época de bagayeros en bicicletas. Después Enrique me lo pasó. Entonces yo ya tomé un primer contacto a partir de las historias reales que ellos de esta gente que las vivió. Luego hubo un proceso de trabajo en el cual yo fui con Enrique a Melo a ayudar en el casting de otros personajes.
Fue todo muy gradual, acompañé el casting de otras personas, después nos instalamos en la ciudad de Melo, estuvimos 15 o 20 días en contacto con la gente de Melo, con los compañeros actores de la ciudad. Algunos de ellos ya eran kileros, así que como que de a poco me fui impregnando. El proceso fue como muy gradual, entonces tampoco fue particularmente dificultoso.
GS - Ahí hay un dato interesante que pone César y que tiene que ver con el casting en Melo, porque no todos los que trabajan en la película son actores profesionales, hay mucha gente de pueblo. Neorrealismo a la uruguaya en el Siglo XXI. ¿Por qué?
EF- Porque estaba claro que la película tenía como dos o tres texturas obligatorias. Una era, por ejemplo, la del paisaje, que es muy particular en esa zona por las sierras de Aceguá, y Aceguá mismo. El otro era una cosa que debería sentirse en la punta de los dedos, como la materialidad de todo, de esa vida cotidiana de esta gente tan pobre, donde yo siempre lo veo como texturas. Texturas de maderas, de ropa, de ranchos. Y lo otro era la textura de las caras. Es muy difícil con actores profesionales, que uno ponga la cámara y esas caras sean el lugar, que en este caso es Melo y los barrios pobres. Entonces había que suministrar esa textura con gente de la calle.
AB – La niña, la hija del matrimonio...
CT – También, es una chica que tenía 13 años en su momento, Virginia Ruiz. Y es una liceal de la ciudad de Melo.
AB – Se comporta como tal.
EF - Retobadísima.
(Risas)
AB – Quiere ser locutora además.
CT – Sí, cuidensé ustedes.
GS – Práctica para eso.
Enrique, una pregunta que te hace Mauricio, que es melense, dice: “¿cuál fue esa parrillada donde te enteraste de la historia?”
EF – Bueno, no existe más. Estaba en Aparicio Saravia, casi, lo que yo recuerdo como Río Branco, Parillada “El Pepe” creo que era.

GS – La película se vio en el mes de mayo en el Festival de Cannes, tuvo hace dos semanas un preestreno en Montevideo, y tiene uno en Melo, como debe ser, este fin de semana. Que en realidad es como un día de preestreno de corrido, porque la sala carga un poco menos de 200 espectadores y ya llenaron cuatro vueltas, o sea que comenzarán a las dos de la tarde y seguirá largo en la noche.
EF – Una matineé, como las viejas matinés.
GS - Me imagino mucha expectativa en gente que participó, estos actores amateur que dieron una mano allí con estos personajes. Mucha expectativa para verse en la pantalla, sin dudas.
EF – Sí, indudablemente, hay una cosa que vamos a tener que decirlo allá, uno cuando rueda, rueda cinco horas de película y después quedan armadas una hora y media, entonces una cantidad de gente que estuvo en el rodaje no se va a ver en la pantalla, pero verá a sus amigos, a sus parientes, y se divertirá.
AB - ¿Es a propósito que no aparece nada relacionado al centro de la ciudad de Melo? No se ve la plaza, por ejemplo.
EF – Se ve muy poquito, ahí donde está la adolescente con su bebé. En realidad nos quisimos quedar siempre en el barrio donde transcurre la historia. A mí me parecía que era suficiente. Las veces que salimos del barrio con César Charlone buscamos con mucho cuidado los lugares donde íbamos a ir para no transformar la película en eso que a veces se transforma, que es el “mostremos esto y aquello”.
AB – No era necesario.
EF – No, para nada.
GS – César, recién decía Enrique la emoción que probablemente sienta la gente de Melo cuando se vea en la pantalla. Vos sos actor profesional, ¿te emocionaste cuando te viste en la pantalla?
CT – Lo que pasa es que yo venía de dos años sin ver nada, la rodé y no la vi, y la terminé viendo en el Festival de Cannes.
GS – Que no es mal lugar para ver la película.
CT – No, como para empezar a hacer boca no está mal. Y lo primero que me sucedió es que el lugar, el tener que ponerte el traje negro, subir por la alfombrita, que te pongan la música, todas esas cosas, todo el ritual previo, y la sorpresa por la película que vi, me dejaron medio descolocado. Me parece que me pegué al respaldo de la silla y me quedé mirándola con los ojos abiertos, sin entender demasiado la película que estaba viendo, porque me parece que a lo largo de esos dos años yo construí mi película, y cuando terminás viendo la película que terminan editando César y Enrique, es otra, no es necesariamente la tuya. Lo que hubo fue como un ajuste a la película que finalmente terminó quedando. Entonces, la primera impresión fue esa.
Después yo la volví a ver en DVD dos o tres veces más y fui ablandando y empecé a disfrutar de la película. Es extraño. Yo estoy tratando de aprender a verme, a ver mi cuerpo en otro lugar, que es lo que no pasa cuando uno hace teatro. Y me gusté, pero es una sensación muy extraña. Verte, escuchar tu voz como fuera de tu cuerpo, por ejemplo. Para mí mi voz es una voz re-grave, re importante, potente, y cuando la escucho por ahí me suena...
EF – Son los parlantes.
CT – Claro, y es por donde resuenan las cosas cuando hablás y cuando se emite el sonido de otro lugar. Todo eso es extraño.
AB – Prepárense a cansarse con Beto andando en bicicleta, terrible. Uno termina cansado con él, y seguramente golpeado también, porque alguna caída debe haber habido en esa bicicleta, pero, ¿qué pasó cuando el público la vio en Cannes, y qué sentiste de diferente cuando la gente la vio, por lo menos en el preestreno?
CT – La referencia de Cannes digamos que fue una referencia muy placentera, yo lo que sentí, más allá de ese estado medio pasmado que tenía yo, cuando la película termina, uno percibe que el aplauso que se recibe es muy cálido. La sensación que yo tuve del aplauso en Cannes es que realmente había calidez, que los espectadores no estaban aplaudiendo por fórmula sino que estaban brindando un aplauso muy cálido hacia nosotros. Estábamos ahí los tres, más el productor, y el aplauso fue muy lindo.
Pero lo que sucedió aquí en Montevideo, que un poco modifica totalmente lo visto en Cannes, es que la capacidad de disfrute del espectador aquí en el Cine Plaza cuando hicimos el preestreno, fue mucho mayor. La capacidad de vincularse con la película, las risas, por ejemplo. En Cannes la película era un drama básicamente, aquí es una comedia, o una tragicomedia. Aquí hay risas a lo largo de toda la película y eso no estaba...
AB – ...en los planes de nadie.
CT – Yo esperaba una mejor recepción que en Cannes, pero en el mismo tono, aquí cambia el tono. Lo que vio el espectador aquí, creo yo, es otra cosa.
GS - ¿En qué otra cosa más es uruguaya la película? La película es cerradamente uruguaya, para mí que soy uruguayo y entiendo lo que está pasando, ¿vos en qué cosa encontrás que es complicado que en otro lado la terminen de entender como la entendemos nosotros?
EF – Yo creo que la película tiene como dos cosas. Una en todo lo que la película tiene como diálogo, que creo que eso es lo complicado fuera del Uruguay, nosotros hablamos muy rápido, muchas veces con doble sentido, y a veces aspirando las palabras. Todo lo que tiene que ver con el diálogo fuera, más allá de los subtítulos, se complica. Yo creo que la película donde conecta, y conecta muy bien en cualquier lado es con lo que los personajes atraviesan emocionalmente. El fuerte de la película, lo que creo que determinó que la película aterrizara en Cannes es que eso que sienten la hija, Beto y la esposa, es lo mismo que sentiría una familia en cualquier lado.
CT – Se me acaba de ocurrir una frase, la voy a patentar en cualquier momento: pinta tu aldea y pintarás el mundo.
EF – Nueva, nueva.
CT - Recién pensada, fresquita.
Claro, es un poco lo que pasa con la película, tiene esa cosa, es internacional, lo que cambia es el grado de percepción de ciertas cosas, pero las esencias de lo que sucede con la película, la perseverancia de este personaje, ese deseo de mejorar, sucede universalmente, sin duda.
AB – Hay una escena para algunos que seguramente están esperando una película seria, uruguaya. Hoy hablaban de las risas, pero no hemos dicho que tiene muchos momentos, muchas escenas en las que realmente el público se ríe, pero además se ríen los personajes, se ríe Beto, se ríe su mujer. Tienen diálogos muy cotidianos, pero con un humor, alguien me decía que es humor negro, no sé si es humor negro, no sé como definirlo. ¿Está a propósito? Hay momentos en que están realmente tentados haciendo la escena.
CT – Yo creo que hay una apuesta de los señores directores. Yo recuerdo por ejemplo a César en el rodaje, creo que se levantaba, antes de ir al baño encendía la cámara y la volvía a apagar cuando apagaba la lucecita para dormir de noche. Estaba todo el tiempo con la cámara encendida, es la sensación, por lo menos. Y estaba todo el tiempo rodando. Vos te sentabas a fumar por ahí en un momento de descanso, y él por las dudas te grababa. Es la sensación, entonces las risas que vos ves me parece que en realidad fueron risas robadas a los actores a pesar de ellos.
AB – La risa contagia.
CT – Sí, y está muy bien, es muy adecuado, le da un momento de frescura, está bien elegido.
GS – Enrique, ¿disfrutaste el tema del que fuera tu primera película? ¿La pudiste disfrutar o te pesó mucho el que era tu primer película?
EF – No, yo empecé a disfrutar cuando la escribí, porque aunque no parezca, buena parte de los chistes y de toda esa cosa están escritas en el guión. Y hay un momento en el guión en que es muy agradable porque uno desemboca en lo que está escribiendo, sin haberlo previsto, y después uno mira la computadora y dice: ¡mirá lo que dijo! Y yo me río mucho, y me río mucho cuando escribo. Y se ve que eso sigue en las etapas posteriores y contagió a César Charlone, que también disfrutó mucho cuando lo leyó, y fue contagiando después a la productora y a los actores, que con esa alegría de interpretar esos momentos de humor, lo pusieron en pantalla fantásticamente. Yo creo que es una cosa que hay que recordar, la película nace en el papel y las risas ya están en el papel. Yo tuve muchas satisfacciones con esta película cuando estuve en Miami en un taller de guiones, mucho antes de que esto arrancara, y en un par de lugares más, donde la gente disfrutaba muchísimo de leerla. Cuando uno tiene la pista de que alguien está disfrutando la película, o que agarra el guión y no lo deja hasta que lo termina, ahí es donde uno cree que la película tiene posibilidades.
GS - ¿A vos te pasó eso con el guión, César?
CT – A mí me pasó que me dieron el guión dos minutos antes del día del primer día de rodaje. Eso fue rarísimo, porque fue todo un proceso de rodaje sin guión, en el cual me parece que la consigna era acercarse un poco a los personajes, y después las circunstancias eran otras. Pero sí, me pasó de leer el guión y quedar muy tranquilo, por ejemplo, porque como me lo venían negando uno no sabía en que estaba.
(Risas)
¿Por qué me lo niegan?
GS - ¡¿Será que hay un desnudo por ahí?!
CT – ¡Si no es artístico, no!
Y cuando realmente terminé leyendo el guión en el hotel en Melo, me quedé muy tranquilo. Lo primero que me resultó fue tranquilidad. Y otra cosa que es interesante es que nosotros nunca dijimos estrictamente el guión, en ese sentido hubo un acierto porque también, sobre todo para los no actores, aprender una letra y decirla naturalmente, era de repente un problema, entonces se dejó en libertad. Sin embargo el guión es el guión. Hubo libertad de modificar palabras, de acomodarlas a las necesidades de la gente que participaba de la escena, y sin embargo lo que hay es el guión de la película, el guión que escribió Enrique está ahí, es muy lindo el mecanismo que se utilizó para llegar a eso.
EF – La dinámica fue de improvisar el cómo pero nunca el qué, siempre tenían que pasar por las frases que en el guión determinaban momentos de la historia o de los personajes. Y como había un naturalismo muy pautado por los actores que no eran profesionales, ese naturalismo sólo se podía adecuar del punto de vista de los actores profesionales siendo muy laxo en las palabras.
AB – Si hay algún profesor, por ejemplo, de ética periodística o trabajo de periodismo, seguramente la película sirve como ejercicio para la responsabilidad que la prensa muchas veces tiene y asumo como tal aquello del “bolazo”, aquello de hacer crecer una historia, cuánta responsabilidad tiene la prensa en lo que termina ocurriéndole a ese grupo de gente. Creo que está contado de una manera, con ese pequeño humor y esa suerte de llamarle la atención, pero a mí me dejó reflexionando muchísimo.
EF – Yo le pregunté a una de las personas que dijo algunas de esas frases, como que había una cola de 10 kilómetros de ómnibus, y dijeron: “lo dije porque alguien me lo dijo a mí”, en el fragor de tener que relatar en vivo una cosa de esa magnitud como una visita del Papa a Melo. Pero yo creo que la historia está construida arriba de la ilusión que la gente se fabrica cuando quiere sí o sí creer algo. Los pobladores de Melo creo que quisieron creer que iban a cambiar de vida a partir de esa jornada y ni siquiera la gente pensó que si iban 50.000 personas, las personas que les tocara la periferia de la cosa iban a estar como a 15 cuadras del Papa.
GS – César, una de las cosas que tenés en tu currículum es que, entre otras cosas, venís de las artes plásticas, que en algún momento las artes plásticas convivieron con el actor. Te dio por echar un history board mientras filmaban la película. “César, dibujate vos”.
CT – No, no. Yo no vengo de las artes plásticas, ojalá viniera de las artes plásticas, sí dibujaba.
GS – Pero venís de una trayectoria importante con algún premio de los relevantes aquí en Uruguay.
CT – No, lo que sucedió conmigo es que sí entré a los premios pero no me los gané, se los ganó otra gente lamentablemente. Pero no, el tipo de dibujo que yo hago no se puede ajustar al history board lamentablemente. Me gustaría, porque realmente había algunos apuntes al natural que hacer en Melo que hubieran sido espectaculares, algunas caras, algunos lugares, que la película los tiene, pero es muy fuerte y se hubiera podido hacer unos apuntes muy impresionantes.
AB – ¿El baño del Papa quedó allí? ¿Podremos ir en un peregrinaje a ver el lugar donde construiste ese baño?
EF – Bueno, al película se filmó la mitad en Melo y la otra en Montevideo, y el baño está acá en Montevideo.
AB - ¿Quedó construido?
EF – Yo en realidad nunca pasé de vuelta por allí, la dueña de la casa dijo que iba a poner un kiosco.
CT – Pero no hay un kiosco, el baño no está más. Lo que queda de la estructura del baño es la parte de abajo y lo están usando como cucha de perro. Tienen un perrito atado ahí.
GS – La gente de Río Branco mandó ahora mensajes de texto que allí no tienen cine y van a tener que ir a Melo para ver la película.
CT – En Melo tampoco hay cine, en el cine hay una iglesia. Pero que vayan que el deseo de todos nosotros es que la película rote por todo el Uruguay.
GS – Algunos oyentes de Lavalleja dicen que fue emocionante cuando El viaje hacia el mar se estrenó en Minas.
EF – Sí, claro. Supongo yo que en el interior la gente de cualquier departamento podrá ver esta película como propia.
GS – ¿Vos fuiste César cuando se estrenó El viaje hacia el mar en Minas?
CT – Sí yo fui, y fue lindísimo. Yo justamente recordando todo aquello que sucedió en Minas cuando vi a toda la gente de allá que dio una mano y que participó de la película, es que estoy ansioso por ir a Melo, porque me parece que es como una fiesta. Es bien distinto a lo que sucedió en Cannes, a lo que sucedió en Montevideo.
GS – Una rareza, actor uruguayo que hace cine y que además hace cine con películas relacionadas con el interior.
CT – Y siendo de Montevideo. Es raro, pero bueno.

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